La agresividad en los niños

Las rabietas, enfados o berrinches de los niños son algo común durante la infancia. No obstante, éstos pueden descontrolarse y permanecer en el tiempo dando lugar a lo que denominamos “agresividad infantil”.

Estas conductas (patadas, empujones, mordiscos, rabietas, etc) tan frecuentes como incómodas, suelen aparecer en torno a los 2 años, incrementándose durante los 3 y 4 y pudiendo llegar a extenderse hasta los 6 o 7 años. Su aparición se debe en un principio a la inmadurez de la zona del cerebro encargada de regular las emociones, así como al precario desarrollo del lenguaje articulado, sobre todo en determinadas edades, lo que lleva al pequeño a tener que manifestar su incomodidad, frustración, miedo o ira a través de las conductas mencionadas anteriormente.

A medida que el niño va creciendo debe ir aprendiendo a gestionar las emociones de una manera más adaptativa, pero todo ello debe ir acompañado de otros condicionantes. En este sentido hay determinados factores externos que pueden favorecer la aparición y también el mantenimiento de estas respuestas agresivas. Algunos de ellos son:

  • Estilo educativo inadecuado: en este punto se podría destacar tanto un ambiente familiar demasiado relajado o permisivo en el que no existen límites ni normascomo por el contrario uno muy exigente o controlado en el que todo son limitaciones.
  • Incongruencia: cuando en ocasiones se desaprueban las conductas agresivas, pero en otras se aplauden o se les resta importancia, dependiendo del contexto en el que se produzcan.
  • Falta de coherencia: en lo que respecta a la diferencia de criterios entre los padres, lo que conlleva a que uno de ellos penalice este tipo de conductas y el otro le reste importancia o lo encuentre como algo normal.
  • Reacciones agresivas o inadecuadas en situaciones determinadas por parte de los padres que pueden servir de modelo a los niños y tiendan a replicarlas.

Qué se puede hacer

Unas pautas básicas serían las siguientes :

  • Aplicar la técnica de tiempo fuera que consiste en sacar al niño del sitio donde se esté produciendo la conducta en particular. 
  • Ignorar lo que el niño hace, en especial lo que quiere es llamar la atención.
  • Explicarle que “eso no se hace” y enseñarle a continuación el modo correcto de actuación, animándole a que lo imite.
  • Anticiparse a ese tipo de comportamientos, sobre todo cuando es algo que se repite habitualmente, intentando poner el foco de atención en otra cosa.
  • Elogiar de las conductas opuestas.
  • Propiciar que haga otras cosas que le gusten y le haga olvidar esa conducta agresiva y reforzarle positivamente lo que ha hecho.
  • Reforzar positivamente cualquier comportamiento adecuado y que se aleje de esas conductas que queremos que deje de hacer.

No hay que olvidar que el objetivo primordial ante las conductas agresivas no es que el niño obedezca, sino que aprenda controlar su agresividadPor ello es importante que el niño aprenda que no va a conseguir lo que quiere cuando patalea, grita, muerde, empuja a alguien o arroja objetos

Por el contrario, hay que enseñarle a que pida o reclame lo que quiere de forma calmadasiendo fundamental en este aspecto darle el modelo y las pautas adecuadas acerca de cómo debe hacerlo. Y lo más importante es reforzar positivamente con una sonrisa, o un «así me gusta», diciéndole “lo estás haciendo muy bien”, o con una muestra de afecto, de modo que el pequeño perciba que es más gratificante hacer unas cosas en lugar de otras.

En definitiva, dependiendo de la edad de los niños y de las niñas se puede actuar de un modo u otropero siempre transmitiendo coherencia y firmeza y nunca jugando con el afecto y el cariño, ya que eso siempre es Incondicional.

 

Lola de Travesedo

Psicóloga de Ciudad Jardín

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